lunes, 26 de enero de 2015

SEXO ORAL Y RELIGIÓN.

     Imágenes de una sesión, entre otras muchas, que realicé actuando como modelo con una de mis modelos habituales,"QUIMERA", para unos colegas fotógrafos de León. Reproduzco "cuts" de las mismas, ya que las imágenes no son mías y me las han cedido con la condición de hacerles procesados y cortes, para graficar ésta entrada del blog.

     Una de las prácticas sexuales más placenteras y a la vez, menos practicadas entre las parejas heterosexuales, es el sexo oral. Bien sea el cunilingus o la felación.  Los principales motivos en Occidente, son la invasiva intromisión de la iglesia católica en todos los ámbitos de la vida social y de la sexual, incluso con mayor virulencia. A decir de la iglesia católica, la realización de éstos actos "impuros" están prohibidos por fomentar la perversión y alejamiento de los valores familiares, como el de la procreación. Aunque alguna voz "disonante" en España, como algunos obispos, aseguran que hacer una "mamada" está permitido si se piensa en dios. Digo yo, que en lo que menos se piensa es en dios cuando se está recibiendo una felación o realizando una "comida de coño", aunque al momento mismo del orgasmo, entre jadeos y suspiros, se escuchen cosas como: "¡por dios no pares!", "¡dios mío!", "¡dios, que bien lo comes!".

     Dichas prácticas sexuales, antiquísimas y ampliamente distribuídas por todo el mundo, encontraron sin embargo la casi total y decidida confrontación de la religión cristiana. Civilizaciones tan antiguas como la mesopotámica y la egipcia, ya practicaban ambas formas de satisfacción sexual con fines de obtener placer y también, como una forma de evitar las concepciones no deseadas. Otras culturas hicieron de éstas formas de placer, auténticos iconos sexuales. Como los hindúes y sus famosos libros "Kamasutra" del filósofo y atleta sexual Vatsyayana y "Ananga Ranga" del poeta Kalyana. 

     Incluso los helenos, nuestros ancestros occidentales más representativos, se apuntaron a la práctica lamer, succionar y chupar los genitales, ya fueran del sexo opuesto o del propio, ya que no es desconocida la afición de los antiguos griegos por las relaciones homosexuales y lésbicas, de los que existen innumerables ejemplos: Aquiles y su primo Patroclo. Alejandro Magno y Hefestión. La poetisa Safo y sus amoríos con las alumnas de su escuela, etc...

     Otras civilizaciones mediterráneas, como la persa, eran también aficionadas a recibir los estímulos bucales en las entrepiernas. Bien fueran de esclavos y esclavas, a los que tenían en gran estimación por dichas habilidades, bien por los amantes oficiales que pululaban en los palacios de los sátrapas aqueménidas. Después, los romanos cogieron la estafeta de griegos, persas y egipcios, dándose a la labor incansable de proporcionar placer oral en las "bacanales", la excusa perfecta para soltarse la melena. Incluso, el filósofo griego Epicuro instauró toda una corriente filosófica que se proponía la búsqueda del placer como objetivo de vida y en ello, se incluía el sexo y por supuesto, la satisfacción oral.

     Hasta que llegó la iglesia católica y dijo que nones, que las relaciones sexuales eran única y exclusivamente para procrear y bajo la "bendición de dios". Y por supuesto, nada de obtener placer de ello, que eso era "pecado capital". Y de "comerse los bajos" ya ni hablamos. Cientos, quizás miles de personas, fueron arrastradas hasta los tribunales del Santo Oficio, acusados de prácticas sexuales aberrantes y "contra natura", con lo que las alegrías casi desaparecieron de la cristiana Europa. Por aquellas fechas, únicamente el "turco", el Imperio Otomano con sus serrallos, harenes y casas de efebos, disfrutaban de los placeres de la vida. Parece que al Islam no le importaba la forma en que sus fieles se proporcionaran placer. Hay rumores e historias, acerca de que los sultanes, pachás y beys, se disputaban los favores de jóvenes de ambos sexos, famosos por sus habilidades para utilizar la boca. Incluso, se dice que el futuro azote de los turcos, el príncipe Vlad de Valaquia -más conocido como Drácula- se pasaba las tardes comiéndole la polla al sultán, cuando estaba como rehén de los otomanos.

 
          En la època actual, más allá de la ocurrencia sobre que "mamarla" pensando en dios no es pecado, como dicen algunos obispos españoles, parece que los únicos que critican, demonizan y al mismo tiempo, la practican sin duda -una confesión, un ave maría y ya está- son los jefes de la iglesia católica, pues no se tiene constancia de que otras religiones como la musulmana, la budista y mucho menos la brhamánica hindú, la prohiban expresamente en sus libros sagrados, ni en sus prácticas habituales.
          Pero no es el ser humano el único animal que disfruta del placer bucogenital. Otros mamíferos también lo hacen. El que más, el bonobo, Pan Paniscus , nuestro pariente más cercano. Primate antropoide como nosotros, son tal vez los únicos que utilizan el sexo como herramienta para resolver los conflictos intergrupales y por supuesto, el sexo oral forma parte de su extenso repertorio sexual.

     Así que, el único requisito para disfrutar de ésta placentera práctica sexual, es la perfecta higiene de los genitales masculinos y femeninos, ya que algunos "olores y sabores", pueden perfectamente cortarnos el rollo a la hora del "metesaca".


MODELO:  "QUIMERA"

MODELO:   L. KUNDER

LOCACIÓN: Algún lugar de León.

1 comentario:

  1. Pues si el oral es uno de los mayores placeres que podemos brindarnos, religión a parte.

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